La Neurociencia puede ofrecer información científica sobre cómo el cerebro aprende nueva información y cómo la procesa durante las distintas etapas de la vida. A la luz de los nuevos conocimientos sobre los mecanismos cerebrales que funcionan en el aprendizaje y la memoria, y los efectos de la genética, el medio ambiente, la emoción, y la edad en el aprendizaje, es necesario transformar las estrategias educativas y permitirnos diseñar actividades que optimicen el aprendizaje.

El pensamiento es básicamente invisible, pero si generamos en el aula una buena disposición abierta a pensar, reconocemos las habilidades de la mente, utilizamos un lenguaje adecuado y documentamos los procesos de aprendizaje, lograremos observaciones profundas, cuestionar la evidencia, ir más alla de lo obvio y de esta manera mostrarnos y mostrar a otros nuestros pensamientos.

“El pensamiento es básicamente invisible. […] En la mayoría de los casos el pensamiento permanece bajo el capó, dentro del maravilloso motor de nuestra mente. […] Afortunadamente, ni el pensamiento, ni las oportunidades para pensar, necesariamente deben ser invisibles como frecuentemente lo son. Como educadores, podemos trabajar para lograr hacer el pensamiento mucho más visible de lo que suele ser en el aula. Cuando así lo hacemos, estamos ofreciendo a los estudiantes más oportunidades desde donde construir y aprender.” (David Perkins)

Hacer el pensamiento visible consiste en tomar conciencia de los distintos movimientos de pensamiento que realizamos a través de rutinas que apuntan a desarrollar la comprensión. Las rutinas de pensamiento son patrones sencillos de pensamiento que pueden ser utilizados una y otra vez hasta convertirse en hábito. Algunas de las rutinas de pensamiento que trabajamos en el aula: